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13 febrero 2019

Llegadas inesperadas

Quienes llevan tiempo leyéndome, saben, que en ocasiones dejo aquí pequeños relatos. No es lo mío, pero a veces se me ocurren y tengo que escribirlos. Hoy les dejo uno, espero que les guste


Llegadas inesperadas
 
 
 


        Cierto día llamó a mi puerta el señor silencio. Con cortesía, le invité a pasar y a tomar asiento en mi viejo sillón. Tuvimos una interesante charla, aunque, creo que sólo hablaba yo, pero no importaba. El silencio es un señor que sabe escuchar muy bien, es especialista en dar respuestas sin una sola palabra. Inocente de mí, creí que sólo estaba de visita, pero su estancia se prolongó... primero fueron días, luego semanas, más tarde meses... y así fueron pasando los años. Tal vez no pasó tanto tiempo, tal vez, simplemente, el silencio se me hacía muy largo. No es que yo no aprecie su compañía me atreví a decirle en una ocasión, pero, en ocasiones desearía que usted se fuera a dar un paseo... Una elegante forma de echar a alguien de tu casa, pero aunque pilló la indirecta, siguió sentado en aquel sillón con la excusa de que venía para ayudarme a reflexionar sobre cosas que no pensaría sin su presencia.

 
        Repentinamente algo cambió. Alguien llamo a mi puerta, bueno, digo alguien pero eran dos a los que yo siempre veré como uno. Se llamaban estrofa y poema. Fue un flechazo, me encandiló poema. Tenía los ojos cargados de todos los sentimientos del mundo. Su hermana estrofa, no paraba de hablarle e insistirle en que cambiara sus rimas. Yo, embobada con su imagen, les ofrecí tomar asiento junto al señor silencio. Él creyó que yo le echaría de casa al ver como les trataba, pero no lo hice. Me había acostumbrado tanto a él que le necesitaba por mucho que en ocasiones me hiciera derramar más de una lágrima.

 
        Allí, sentados en aquel sillón, vivimos maravillosos momentos. Cuando estrofa hablaba demasiado, la miraba el señor silencio y cuando poema lograba una rima, yo, la escribía rápidamente en mi cuaderno, incluso en ocasiones, sin él saberlo, escribía aquello que no rimaba, pues a mí me parecía que poema no dependía de ninguna rima. Secretamente, el silencio se enamoró de la estrofa y yo me derretía por poema, sin sacar de mí el inolvidable cariño que le había tomado al silencio. Quizá por eso muchas estrofas son invadidas por el silencio... y quizá por eso el poema a veces nace de mis manos... y a veces, simplemente queda en un maravilloso silencio que se mece entre los brazos de mi alma.


 


Foto original Imagen de Claire Lumley en Pixabay

14 enero 2019

Mi mar



Hoy necesitaba verte, observar como el cielo oscurecía tu frágil transparencia,
olerte, oír tu sonido armonioso.

Me acerqué a tu orilla sintiéndome pequeñita ante toda tu inmensidad,
siguiendo la luz del faro con la mirada
e imaginando un horizonte ya invisible.

El rugido de tus olas golpeando las piedras,
bañándolas de sal, ese olor marino embriagador, 
tú, sólo tú... y yo,
enamorada de ti
 mi mar. 



31 agosto 2018

Relato corto




Posó su mano en su rostro. No, no era una caricia. Tras una patada jamás viene una caricia. Leo, su pequeño, se encerró en la habitación con su hermana. Descolgó el teléfono y solo pudo exclamar: ¡Ayuda! El terror le hacía abrazarse a su hermana de apenas siete meses sin parar de llorar. Los golpes, los gritos, el llanto… nada paró hasta que ella cerró los ojos y vio pasar por delante toda su vida. Los juegos de niña, la felicidad inocente, el amor adolescente, la juventud con el móvil secuestrado. Su boda a los 27, el primer insulto… la palabra puta en su frente tras sonreír al camarero del hotel durante la luna de miel. Momento de furia, simplemente. Leo viene en camino su niño, empujón y patada en el vientre pero… todo cambiará al nacer el niño. Nacimiento, bautizo, amigas cargadas con cientos de globos, maquillaje a raudales para ocultar cada enojo. Alejamiento. “Te rodean malas influencias, tenme la comida en la mesa”. Insulto, golpe, indiferencia, dolor…., “la familia en su casa, nosotros en la nuestra”. Viene la niña, Laura será la solución. Los golpes son más fuertes. Se superan los límites, ya no hay aguante, intento de huida . Es descubierta, golpeada al lado de las maletas. Su cuerpo queda inerte en el suelo mientras oye el llanto de su bebé: “lo siento Leo, lo siento Laura, leed las cartas, mamá os quiere”. Sirenas, se cierran los ojos, todo se queda a oscuras, nada se puede. Diez años perdidos, dos niños inocentes que crecen con una abuela destrozada. Cárcel, reinserción aparente.
Imagen de <a href="https://pixabay.com/es/users/Engin_Akyurt-3656355/?utm_source=link-attribution&utm_medium=referral&utm_campaign=image&utm_content=2322774">engin akyurt</a> en <a href="https://pixabay.com/es/?utm_source=link-attribution&utm_medium=referral&utm_campaign=image&utm_content=2322774">Pixabay</a>


Treinta años… buena conducta, reducción a veinte. En libertad acude a un viejo bar donde la conoció. Desde una esquina observa a una muchacha más joven que él. Una mirada, unos tragos, varios días de conversación… nueva pareja, la misma casa. Solo rumores piensa ella, solo eso. Los vecinos la observan pero no dicen nada, todos guardan silencio, como antes, cuando se oían golpes, cuando se oían gritos, cuando se sabía pero se callaba. Leo está cerca. Sus pasos se cruzan con aquella muchacha de apenas 27. “Mi madre murió a su lado, ¡cuidado!” Palabras para pensar. Indaga, descubre mas… no puede ser, todos cambiamos. Pasa un año. Furia, primer golpe y portazo. Esta vez no habrá un segundo… se va entre el silencio cómplice de quienes todo saben y todo callan. Leo la ve marchar, la mira fijamente y sin decir nada le da un abrazo.


Leo leyó todas las cartas de su madre, se hizo abogado. Hoy fue al cementerio con flores en las manos. Ante la lápida, con la voz quebrada habló con su madre:



“Mamá, a esta si la he salvado”






07 marzo 2018

Relato de un maltrato







Posó su mano en su rostro. No, no era una caricia. Tras una patada jamás viene una caricia. Leo, su pequeño, se encerró en la habitación con su hermana. Descolgó el teléfono y solo pudo exclamar: ¡Ayuda! El terror le hacía abrazarse a su hermana de apenas siete meses sin parar de llorar. Los golpes, los gritos, el llanto… nada paró hasta que ella cerró los ojos y vio pasar por delante toda su vida. Los juegos de niña, la felicidad inocente, el amor adolescente, la juventud con el móvil secuestrado. Su boda a los 27, el primer insulto… la palabra puta en su frente tras sonreír al camarero del hotel durante la luna de miel. Momento de furia, simplemente. Leo viene en camino su niño, empujón y patada en el vientre pero… todo cambiará al nacer el niño. Nacimiento, bautizo, amigas cargadas con cientos de globos, maquillaje a raudales para ocultar cada enojo. Alejamiento. “Te rodean malas influencias, tenme la comida en la mesa”. Insulto, golpe, indiferencia, dolor…., “la familia en su casa, nosotros en la nuestra”. Viene la niña, Laura será la solución. Los golpes son más fuertes. Se superan los límites, ya no hay aguante, intento de huida . Es descubierta, golpeada al lado de las maletas. Su cuerpo queda inerte en el suelo mientras oye el llanto de su bebé: “lo siento Leo, lo siento Laura, leed las cartas, mamá os quiere”. Sirenas, se cierran los ojos, todo se queda a oscuras, nada se puede. Diez años perdidos, dos niños inocentes que crecen con una abuela destrozada. Cárcel, reinserción aparente.


Treinta años… buena conducta, reducción a veinte. En libertad acude a un viejo bar donde la conoció. Desde una esquina observa a una muchacha más joven que él. Una mirada, unos tragos, varios días de conversación… nueva pareja, la misma casa. Solo rumores piensa ella, solo eso. Los vecinos la observan pero no dicen nada, todos guardan silencio, como antes, cuando se oían golpes, cuando se oían gritos, cuando se sabía pero se callaba. Leo está cerca. Sus pasos se cruzan con aquella muchacha de apenas 27. “Mi madre murió a su lado, ¡cuidado!” Palabras para pensar. Indaga, descubre mas… no puede ser, todos cambiamos. Pasa un año. Furia, primer golpe y portazo. Esta vez no habrá un segundo… se va entre el silencio cómplice de quienes todo saben y todo callan. Leo la ve marchar, la mira fijamente y sin decir nada le da un abrazo.


Leo leyó todas las cartas de su madre, se hizo abogado. Hoy fue al cementerio con flores en las manos. Ante la lápida, con la voz quebrada habló con su madre:



“Mamá, a esta si la he salvado”


08 febrero 2018

Quererse





Se levantó pasadas las diez de la mañana. Su primera borrachera. Se juró a si misma que jamás volvería a hacerlo, pero eso sonaba a la típica sentencia que hacía toda persona al sufrir una resaca. Era domingo, no importaba su apariencia aunque quizá tampoco importara mucho durante el resto de la semana. Abrió el ropero para elegir su ropa y miró el espejo. Hacía años que no se miraba en él así, desnuda. Se quedó mirando la imagen que reflejaba y se dijo mentalmente: “¿En qué te has convertido? Solo un despojo humano que se hunde en su propio mundo” Seguidamente bajó la cabeza. Mientras elegía sin mucha gana su vestuario de aquel día, algo alertó a sus sentidos. Escuchó un llanto. No era un llanto normal, era profundo, sentido, no sabría como describirlo. Se apresuró a vestirse y se acercó a la ventana. Era una niña de unos nueve años que lloraba bajo el árbol que estaba frente a su ventana, ese árbol junto al que ella se sentaba cuando era una niña. Subió la persiana despacio e intentó hablar con ella:


- ¿Qué te pasa pequeña?- pensó que no respondería pero se equivocó.

- Estoy sola.

- ¿Te has perdido? ¿Puedo ayudarte?

- No me he perdido, siempre estoy sola. Nadie quiere estar conmigo dicen que soy rara, fea…

- Eso no es verdad cariño. Eres una niña preciosa.

- Estás mintiendo, me he visto en el espejo, no soy nada.

- Esperame un momento, bajo a la calle y hablamos.



Corrió hacia la zapatera y cogió las zapatillas, no le importó mucho que estuvieran rotas, tenía prisa. Quería abrazar a esa niña, decirle que era la niña más bonita del mundo, decirle que debía quererse cada día sin dar importancia a las palabras de los demás. Cuando llegó junto al árbol no quedaba rastro de la niña. Era imposible, apenas había tardado dos minutos en llegar. Su mirada se entristeció. Antes de girarse para subir de nuevo a casa se fijó en el tronco del árbol. Había algo escrito. Se acercó y leyó: “eras tú”. Quedó paralizada por unos segundos. Aquella niña se parecía a ella, era idéntica pero ¿cómo podía ser? Empezó a recordar como era ella a esa edad, como le dolían los comentarios de otros niños, como se encerraba en su habitación a llorar, como se abrazaba a aquel árbol en el que tantas tardes se lamentaba de ser como era. ¿Cómo era? Era solo una niña con grandes ilusiones a la que le gustaba fantasear y vivir cada día con alegría, pero eso, para sus amigos no era “normal”.


Subió a casa reflexionando. Subía los peldaños sin darse cuenta de que los vecinos pasaban por su lado. Daba igual, jamás la saludaban por más que ella les regalara una gran sonrisa. Entró en la casa. Aquella niña era ella. Había ido guardando todas esas tristezas en su vida, se había encerrado en una burbuja para permanecer a salvo de las críticas. A salvo, sí, pero sin ser ella misma. Fue hacia su espejo. Miró la imagen que le ofrecía y recordó a esa niña. Sonrío, se abrazó con sus propios brazos y simplemente dijo:


"Desde hoy,  vamos a querernos"




25 enero 2018

Sentimientos



¿Qué sentimiento es mejor?



Un niño le preguntó a su padre cuál era el mejor de los sentimientos entre la tristeza, la alegría y la rabia. El padre le tomó de la mano y lo llevó a dar un paseo para que lo entendiera mejor.

Por el camino, el niño vio a un perro abandonado que parecía tener sed. Se puso muy triste al verlo así y pidió a su padre entrar en una tienda y comprar agua para el perrito. Una hora después apareció una mujer que buscaba desesperadamente a su perrito que había escapado de casa. Tanto la dueña como el perro estaban felices y el niño se sintió alegre. Mientras se despedían vieron como en la acera de enfrente un hombre pegaba a su perro. Todos se llenaron de rabia y el pequeño corrió hacia un policía que había visto en la tienda para denunciarlo.

Tras este suceso. El padre y el niño siguieron caminando. Se encontraron con una mujer que pedía comida por la calle. Al niño le pareció que tenía los ojos muy tristes y pidió a su padre entrar en la cafetería para comprarle algo. El padre sonrió y accedió. Mientras compraban vio como un joven se acercaba a la mujer y le escupía. El niño salió corriendo de la tienda y le dijo que se fuera o llamarían a la policía. Tomó un pañuelo que tenía en su mochila y limpió la mano de la mujer viendo como aquel indeseable se iba corriendo. El padre se acercó con la comida y la mujer les dedicó una gran sonrisa de agradecimiento que puso muy feliz tanto al padre como al niño.

Acabado el paseo se sentaron en el sillón de casa:

Hijo, ningún sentimiento es mejor que otro. Lo importante es que no te quedes indiferente ante ellos. Expresalos en su justa medida y no mires para otro lado. No es lo que sientes sino como reaccionas ante lo que sientes. Te diré un secreto: hay un sentimiento sin el que los demás jamás existirían: el amor.


05 enero 2018

Carta de Reyes tardía




Queridos Reyes Magos,



Sé que esta carta llega con retraso, sé que quizá no me haya portado muy bien este año pero necesito hacerles un pedido muy especial. Hace ya dos semanas que empecé mis vacaciones de navidades y todavía no he podido estar más que una tarde con mis padres. Ellos son muy buenos, trabajan duro para salir adelante y aún así les cuesta. Durante estos días no han parado. Además de trabajar se pasan todo el día de compras. Yo no entiendo muy bien qué compran queridos reyes, pues nunca les veo entrar con bolsas en casa, pero imagino que colocan las cosas en la despensa mientras yo juego con la abuela o que suben la compra más tarde. Cuando llegan a casa intento jugar con ellos. Nada me gusta más que hacer una fiesta de almohadas o de cosquillas con ellos, sin embargo, ellos siempre están cansados, estresados y suelen darme un abrazo antes de mandarme a la cama diciendo que me quieren y que me he portado tan bien que tendré miles de regalos el día que ustedes vengan. Yo no sé si a estas alturas mi carta podrá llegar a sus manos, pero lo intentaré. Este año no quiero ni un juguete más, ya tengo demasiados, es más, he decidido regalar muchos de ellos, pero a cambio les voy a pedir un regalo muy especial. Quiero tener tiempo con mis padres para jugar, para oír sus historias, para que me cuenten como eran ellos a mi edad, para visitar museos,para ir a los parques y disfrutar juntos. Ojalá puedan ayudarme. Dicen que ustedes son mágicos, ¿pueden darme un poco de magia para mi familia?



Firmado


Un niño desde cualquier parte del mundo.




16 noviembre 2017

Cartas

 
 
         He escrito tantas cartas en mi vida que a veces se convierte en algo automático. A veces escribo cartas que nadie lee, que no tienen destinatario ni remitente, simplemente unas palabras que me apetece expresar. Sin embargo, jamás te he escrito a ti. Tal vez por dejadez, por no saber que decir o por no encontrar el momento, jamás lo hice.


      Brotas de mis manos y de mis labios en el más profundo de los silencios. No me atrevo a definirme como aquellos que de forma tan hermosa te crean pues para mí eres sagrada. Llenas cada vacío e invades mi alma creando mi libertad. Las lágrimas te han creado y las sonrisas han resultado de ti. Eres mi historia, mis días, mis amores, mi inocencia, mis desvelos, mis llantos, etc., tú eres todo lo que yo soy pues te he ligado a mí con el lazo más fuerte que se crea en este mundo.





       Escribí tu nombre con letras doradas en mi corazón para no olvidar que me sacaste del abismo, que salvaste mis días, que me enseñaste un camino. Quise conocerte plenamente y me atreví a darte voz dentro de mi extremada timidez. Fue la mejor sensación que tuve, poner mi voz en ti, darte forma, sentido, sentimiento. Te escribí junto a muchos amigos, pedacito a pedacito por el simple hecho de sentirte cerca. Entré en tu mundo y tú creaste el mío, conocí tus distintas formas, sigo adentrándome en ese paraíso, descubriendo cada día una manera de hacerte más mía. Ahora ya no te busco, tú llegas sola, abrazada a mis lágrimas y a mis sonrisas, a mis momentos, regalándome tu caricia.



    Seguramente ya sabes quien eres, ya sabes por qué te escribo. No tienes que contestar, contestas a cada llegada, cada vez que me sorprendes en la madrugada, cuando naces de un objeto, de una palabra, ahí está tu respuesta. Sí, mi querida poesía, tú me has dado toda la energía que siempre necesité, y no yo no soy poeta, tampoco lo quiero ser, sólo quiero amarte, hacer por ti lo que pueda hacer.



    Yo no hago promesas, y no las voy a hacer, pero estoy segura de que jamás te volveré a abandonar. Cuando me fui una vez tú volviste, me diste todo sin pedir nada, sigues sin pedir regalándome tu poder y la fuerza de tu palabra para sobrevivir en una sociedad que a veces me desagrada. No te dejaré de nuevo, ahora nos une un lazo que no se puede romper y ese lazo es mi gran esperanza.




Te quiero, mi poesía adorada


Un beso, de quien tanto te ama.




10 octubre 2017

Amar es







Amar a alguien es acariciar día a día su corazón sin transformarlo en ningún momento. 
Es regalar momentos, no objetos. 
Es hacer que la otra persona pueda tenerte presente con tan solo una imagen o un sonido. 
Es quedar imborrable en su memoria. 
Hay amores que solo viven un tiempo pero se recuerdan toda una vida. Otros amores se borran, se dejan lejos porque nos enseñaron que era mejor apartarnos de ellos.
 El amor jamás se pone a prueba, ¿para qué? si ya la vida es una prueba diaria. Se puede amar de muchas maneras quizá por eso cada uno tiene su propia definición de lo que significa ese verbo tan maravilloso. 

Por ello, ama, ama a quien quieras amar sin importar otra cosa que no sea la vivencia de un sentimiento tan limpio como ese.





26 mayo 2016

El viejo roble


Hoy toca un cuentito, espero que les guste



El viejo roble


Existe un antiguo bosque en algún lugar del mundo donde los niños juegan libremente. En ese lugar hay muchos árboles, unos viejos, otros jóvenes, otros que crecerán en un futuro, sin embargo, hay uno muy especial. Se preguntarán por qué es especial, quizá cuando conozcan su historia, lo entenderán.

Cerca del bosque hay un pequeño parque donde miles de niños juegan. Por las tardes, en ocasiones, dan un paseo para disfrutar del aire puro que se puede respirar en él. Algunos trepan hasta la copa de los árboles, otros se sientan a leer apoyados en sus troncos, otros los abrazan, y algunos, afortunadamente pocos, hacen daño a sus ramas. Es hermoso visitar ese lugar después de una temporada de lluvia, sus hojas verdes y su madera mojada invitan a respirar profundamente y a sentirnos vivos en ese pequeño espacio de naturaleza.

Sheila es una de esas niñas que suelen jugar en el parque cada día. Desde muy pequeña su madre la acostumbró a pasear por el bosque tras su tiempo de juego. Los niños se burlan un poquito de ella porque cada vez que lo visita, se sienta al lado del mismo árbol y se pone a hablar con él, como si la escuchara. Es cierto, todos sabemos que los árboles no pueden hablar, pero sí pueden sentir, o al menos eso es lo que piensa Sheila. En su prodigiosa imaginación, ella escucha como ese viejo roble le contesta. Según ella, aunque no los escuchemos, los árboles nos hablan, sólo hay que tener los oídos bien abiertos para escucharles.




Un día, cuando Sheila acude a visitar a su amigo de madera, ve a unos niños que le rompen una rama. Corriendo hacia ellos les grita que le dejen, que no le hagan daño, pero los niños, como siempre crueles sin quererlo, la llaman “la loca del árbol” y se vuelven a burlar de ella. La niña abraza fuertemente a su amigo intentando consolarlo tras el ataque de esos bárbaros. Abrazada a él se queda dormida y tiene un hermoso sueño.


Durante el sueño, escucha una voz suave y dulce que nunca antes había oído. “Gracias, Sheila. Esos niños me han hecho mucho daño, pero gracias a ti no me siento triste. Sé que nunca me escuchas, que no puedes oír mi voz, sin embargo, yo si te escucho y me encanta que me visites cada día, me hables y juegues conmigo”. De repente, la niña despertó al oír a su madre llamándola. Miró al árbol con una enorme sonrisa y se fue corriendo mientras decía “volveré”. Cuando llegó a donde estaba su madre, Sheila, le contó su sueño. Su mamá le dijo que era un sueño hermoso pero que solo era eso, un sueño. Estas palabras entristecieron un poco a la niña, pero ella estaba segura de que era más que eso.


La niña siguió visitando a su amigo día tras día, e incluso, pedía que sus cumpleaños se celebraran allí. Ya tenía 9 años, pero seguía, adorando a ese viejo roble con el que tantos juegos había compartido. Sin embargo, sus amigos, se burlaban día tras día de ella. Un día fueron tantas las burlas que se escapó del colegio. El trayecto desde su colegio hasta el bosque era bastante largo pero ella sabía perfectamente como llegar con su bicicleta. Cuando llegó, corrió llorando hasta donde se encontraba el árbol y allí habló con él, rogándole que le hablara de nuevo. Permaneció horas y horas sentada a sus pies, tantas horas, que se durmió.




Mientras la niña dormía, sus padres la buscaban por todos lados, estaban muy asustados. Unas gotitas de lluvia la despertaron. Había oscurecido y empezaba a llover. Sheila tenía miedo, no sabía que hacer. Abrazó fuertemente al árbol y le pidió ayuda, pero, de nada sirvió, no le hablaba. Lloraba desesperada y repentinamente las viejas ramas del árbol se movieron por el viento haciendo que una enorme manta que llevaba meses enredada cayera sobre la niña para protegerla del frío y la lluvia. Pasadas unas horas, sus padres la encontraron. La lluvia estaba parando y Sheila se había quedado dormida bajo aquella manta. La niña abrazó a sus padres con una sensación de alivio y les contó que su amigo la había ayudado. Nadie la creyó, todos pensaron que fue una casualidad que encontrara esa manta y la reprendieron por haberse escapado. Con la cabeza agachada aceptó los reproches pero en su pensamiento había un recuerdo que nadie le robaría jamás, el recuerdo de cómo su gran amigo hizo lo que pudo para ayudarla.


Quizá ustedes creen que la niña se olvidó de su amigo, pero no es así. Hoy la niña ya no es tan niña, y sigue visitando al viejo árbol con quien hoy juegan sus hijos. Cuando su hija le dice que puede oír la voz del viejo roble, ella no se burla, tampoco trata de explicarle que eso no es real tan solo le dedica unas palabras: “el amigo más silencioso, aquel a quien sólo tú escuchas, será el que siempre estará a tu lado” .



17 febrero 2016

El puzzle del corazón









Vamos a armar este puzle, iremos despacio, muy despacio sin dejar que se escape ninguna pieza. Lleva tiempo esperando a que alguien lo vuelva a armar pero se fue olvidando en una vieja cajita. Recuerdo que antaño creó ilusiones, deseos, sueños que quedaron encerrados en esta caja pequeña donde aún se puede ver un hermoso retrato.

Cuando lleguemos al centro, parecerá que tocamos su corazón pues es la parte que le da sentido a todo, es ahí donde tenemos que ser más cuidadosos. Algunas piezas de esta parte tienen rasguños, otras han perdido su dibujo, ese que nos ayudaba a conectarlas, y, hay otras, que aún pareciendo intactas tienen algo muy diferente que nos puede desconcertar.

Será difícil, en ocasiones imposible... tal vez la rendición de vueltas por la cabeza una y otra vez, pero ese puzle que lleva tanto tiempo esperando irá tomando forma, aunque vaya tan despacio que nadie llegue a ver su resultado, aunque se apaguen las luces de repente, aunque muchas piezas se nos escapen de las manos.

06 noviembre 2015

Reflexión






Hay cosas que solo se pueden entender con el tiempo, situaciones que, pasados unos meses o, en ocasiones unos años, comienzas a explicarte. Es muy difícil estar en paz con uno mismo cuando no logras entender los motivos de lo que sucede, y, es que, a veces, ni el motivo existe, pero siempre intentamos encontrarlo. Supongo que es algo humano el hecho de intentar buscar una razón para cada cosa. Sin embargo, esa paz de la que hablo no sirve de nada si no eres capaz de perdonarte a ti mismo.


Algunos hablan del perdón como algo sencillo; no lo es. Creo que es lo más complicado del mundo. Perdonar no consiste solo en pedir perdón; perdonar es aceptar, asumir, cambiar... comprende tantas cosas que no podría ser algo tan fácil... y una vez pedido el perdón hay que entender que ese perdón puede no llegar nunca, o llegar cuando ya no lo esperas. Quizá lo más difícil no es que te perdonen sino que te perdones. Sí, porque después de pedir perdón comienza el proceso de "auto perdón", un proceso en el que uno se puede perder mil veces. Solo cuando consigues perdonarte a ti mismo por tus errores, solo cuando consigues entender que no eres perfecto, que también puedes decepcionar, que también puedes causar dolor aunque sea sin quererlo, solo en ese momento consigues estar en paz. 


Todos tenemos algo que perdonarnos a nosotros mismos. Cada vez que pidas perdón ten en mente que quizá no seas perdonado, pero cada vez que te mires a un espejo comprométete a perdonarte.

21 septiembre 2015

He aprendido





He aprendido a guardar silencio cuando debo guardarlo, a romperlo cuando es necesario, pero sobre todo a respetarlo.


He aprendido que no somos dueños de absolutamente nada más que de nuestras propias vidas.


He aprendido que el orgullo, el rencor y la envidia son las llaves maestras de la infelicidad, y yo quiero ser feliz.


He aprendido que es imposible obligarse a olvidar; el olvido llega cuando tiene que llegar, a veces ni llega pero no
podemos permitirle parar nuestras vidas.


He aprendido a no juzgar a las personas, a aceptarlas como son porque todos tenemos una historia que en ocasiones no puede
ni ser contada.


He aprendido a no esconder mis sentimientos ni mi sensibilidad, son parte de mi, no me abandonan aunque los niegue y a nadie van a dañar.



He aprendido a valorar lo que poseo, aunque no sea mucho, aunque sea tan efímero como el tiempo, pero, hoy lo poseo.


He aprendido a ser paciente, a esperar a que los acontecimientos tengan lugar y a no correr a por ellos antes de que
sucedan.

He aprendido que el amor más bonito, es aquél que uno se dedica a si mismo y transmite a los demás con solo una sonrisa o
una palabra.


He aprendido que todo viene y va, todo ocurre por algo. No debo apesadumbrarme por ello, simplemente seguir avanzando.

He aprendido a no  culparme, a no insultarme, a reconocer mis culpas, pedir perdón y volver a empezar.


Sobre todo... he aprendido a ser yo, a estar en paz, a quererme de verdad.










07 agosto 2015

Casualidad







Las casualidades de la vida nos colocan ante hechos y situaciones inesperados, así es como aprendemos e interiorizamos conocimientos que no nos enseñan en las escuelas ni en las universidades. Ayer viví una de estas situaciones. Era un día normal pero por circunstancias de la vida tuve que permanecer en una sala de espera aguardando por la intervención de un familiar. Me abrumaba la idea de esperar todo el tiempo sin hablar, observando a la gente que entraba y salía, teniendo la incómoda sensación de que todo el mundo te miraba. Eché de menos tener un buen libro entre mis manos, sin embargo, la espera no fue tan mala como yo creí.


Cuando me disponía a sentarme vi a una chica un poco mayor que yo, y la conversación surgió en tono de humor por unos comentarios. De la nada empezamos a hablar de diversos temas, la conversación era distendida, no nos costaba hablar aunque al principio las personas que aguardaban en la misma sala nos miraban como dos bichos raros. Ignoro el motivo, quizá se sorprendían de la familiaridad de nuestras palabras, quizá porque la otra chica tenía un tono de voz más elevado y una risa sonora o quizá simplemente porque no tenían nada que hacer. Lo cierto es que a mi no me importaba escuchar y mucho menos hablar, así pensaba en otras cosas. Su voz mostraba euforia y nerviosismo al mismo tiempo, pero también contaba las cosas haciendo que te las imaginaras. En ciertas ocasiones me sentí desconcertada. Me contó algunas cosas personales que yo no compartiría con un desconocido, y, si soy sincera, nunca creo en todo lo que me cuentan, siempre lo pongo todo entre interrogantes, pero no por ello dejé de dar mi opinión o de hablar. Nuestra conversación duró todo el tiempo de espera. No sé si fui su desahogo o si ella fue mi tabla de salvación contra el aburrimiento. No sé su nombre ni ella sabe el mío. Solo sé que durante casi una hora hablamos de temas muy dispares, con opiniones muy diferentes y, a mi modo de entender, con formas muy diferentes de ver la vida. 

Nuestros familiares salieron con una diferencia de cinco minutos, o quizá menos. Nos despedimos sin más pero al hacerlo vi como la persona por la que que ella esperaba le hablaba. Se dirigía hacia ella con dureza, frialdad, lejanía y con un tono autoritario que me llenó de nervios y me dejó muy triste. Fue entonces cuando entendí que esa mujer que parecía tan alegre, no era tan feliz como parecía, porque las palabras también hieren, y más cuando es una persona a la que quieres. No me arrepiento de haberla escuchado, no sé si lo que contaba era cierto de todo o yo soy una ingenua pero en algún momento todos necesitamos unos oídos que puedan y quieran escuchar y una voz que no nos exija nada. Solo espero haber sido, por un momento, esos oídos y esa voz.



31 julio 2015

Carta







Han pasado 12 largos años desde que aquella lápida se cerró tras ese féretro, tras aquellas flores hoy marchitas en aquel agujero oscuro. Sí, hablo fríammente. Nunca te he podido hallar ahí. Allí solo leo tu nombre, veo un crucifijo que tú no querrías que existiera, una fecha, alguna flor, pero nada más. No es olvido lo que vive en mí, al contrario, no necesito un cementerio para recordarte. Realmente, no necesito nada, porque cualquier pequeño detalle me recuerda a ti. Las sonrisas de tus nietos, una frase, un impreso que rellenar, una foto, una fecha, todo tiene algo que recuerda a ti.


Ojalá estuvieras aquí. Muchas cosas cambiarían. Mamá ya no estaría sola y yo sería feliz al oírla decir que le abriste la  puerta o que le compraste rosas por su santo. Les vería caminar juntos por la calle sin tantas responsabilidades como antes. Llevarías a los pequeños de la casa a ver el fútbol e indudablemente las discusiones deportivas aparecerían entre ustedes. Tendrías a una princesita que te daría mucho cariño aunque también alguna que otra regañina se llevaría. Alargaríamos las discusiones sobre política hasta las tantas de la noche y escucharía tu radio hasta quedarme dormida en la otra habitación .Quizá no fueran así las cosas, pero me encanta imaginármelas así, también fantaseo con que un día me digan que todo ha sido una pesadilla y tu estés aquí porque me resulta tan irreal que te hayas ido tan pronto...


Es más que evidente que el cementerio no es el mejor sitio para recordarte. Te veo en otros sitios más bonitos; en el parque, a la orilla del mar, en el banco sentado, e incluso, en ocasiones me ha parecido verte de verdad. No temas, no estoy loca. Hay personas que se parecen mucho a ti, utilizan tu vestimenta, caminan como tú, tienen un rostro parecido, pero sé que no eres tú, lamentablemente. Antes me entristecía ver a esas personas y recordar que ya no estabas, que ya no vendrías. El tiempo me ha hecho madurar o pensar de otra manera. Ahora, cuando me cruzo con alguien que me recuerda a ti simplemente digo en voz baja "hola papá, que tengas un buen paseo, sé que andas por aquí". Es una tontería, una locura, un exceso de imaginación, lo sé, pero me reconforta, y siento que de alguna manera, siempre estás ahí. 

Ojalá supieras cuánto te echo de menos, ojalá te hubiera dedicado más tiempo, pero no lo hice, y ahora es tarde. Tenía 21 años cuando te fuiste, ahora más de 30. No era una niña, pero como tal me sentí. Una niña que perdió a alguien que no sabía cuánto significaba para ella, una niña que posó un beso en aquella pálida frente fría y simplemente te dijo adiós, una niña que no supo llorar mas que en su almohada para evitar más dolor, una niña que hoy sigue siéndolo cuando las lágrimas brotan simplemente al recordar tu ya lejana voz grabada en mi corazón.

15 julio 2015

Te quise






Te quise como se quiere al sol que ilumina los días. Tal vez era amor, pero no creo que lo fuera ya que tus labios no formaban parte de mis deseos. Eras lo que se cuida con esmero sabiendo que mañana puede que no esté pero siempre vivirá en ti como un hermoso y único momento de tu vida. Te quise de una forma extraña que nadie comprendió, ni tú, ni yo. Intenté dar lo mejor sin esperar a cambio más que una sonrisa complice y sin reprochar absolutamente nada. Te quise como el corazón quiere al alma, sabiendo que se complementan aún en la distancia. Y quedó un espacio para tu presencia que hoy solo llenan el silencio y tu ausencia mas conociendo tu sonrisa soy mujer feliz aunque con un vacío eterno. Y de esta forma te quise, de esta forma te recuerdo y aunque te pierdo, permanecerás como algo sincero que se fue con el viento.




23 junio 2015

He asumido


 He asumido...



... que no seré feliz todos los días pues la felicidad son pequeños momentos que hay que vivir y guardar en el corazón


... que lloraré, que tengo derecho a hacerlo. No soy ni mejor ni peor por ello


... que soy demasiado sensible, y, en ocasiones eso juega en mi contra pero no quiero dejar de serlo    porque cada vez que mi sensibilidad despierta entiendo que estoy viva


... que quien se va de mi lado tiene sus razones para hacerlo. No tengo derecho a juzgar a nadie, cada uno es dueño de sus decisiones y de sus actos


... que si el amor tiene que llegar, llegará. Puedo ponerle mil barrotes para que no me atrape pero si está de llegar, no le impedirán entrar. Pero, al mismo tiempo, he aprendido que hay muchas formas de amar que pueden llenar tu corazón de alegría


... que siempre tendré un problema en la vida, que en mi mano estará como solucionarlo y como reaccionar ante él. Sacar el lado positivo a las cosas puede ser una solución para no ahogarme en ellos


... que el pasado siempre estará ahí porque sin él no seríamos quienes somos. No se puede relacionar todo con el pasado ni pensar solo en un futuro porque de esa forma nos perdemos un presente que podría ser maravilloso


... que soy totalmente incapaz de olvidar a las personas que fueron importantes en mi vida, estén vivas o muertas. Que soy incapaz porque simplemente me niego a ello porque no deseo que se aparten de mí. Que siempre guardaré un rincón para todas ellas


... que culparme de todas las cosas no es la solución a nada. Las cosas pasan y ya está, no hay que darle más vueltas aunque conociendo mi persona le daré todas las vueltas posibles. Sin embargo, ahora soy consciente de todo ello y no huyo de mi misma


... también he asumido que muchos llamarán a esto "madurez" y no lo es. Simplemente es un aprendizaje, una visión objetiva de mis vivencias y un camino que comienzo a comprender y a recorrer, porque nunca es tarde para aprender






14 abril 2015

Pensamientos








Muchas de las personas que conocen mi gusto por escribir, piensan que tengo el don de transmitir lo que siento. Hoy, que escribo este texto, pienso en esa palabra "don". ¿Cómo se puede tener ese don cuando un sentimiento enorme colapsa todas tus palabras? A veces, la vida te sorprende dándote un golpe donde no esperabas, y, de repente, todo lo que creías, todo aquello en lo que con esfuerzo aprendiste a confiar, cae ante tus ojos. Hoy no puedo expresar lo que estoy sintiendo porque no es un solo sentimiento, es un cúmulo de emociones que van degenerando en otras. Comienza con la incredulidad, le sigue la rabia, las lágrimas de impotencia, la tristeza, el desconcierto, la aceptación... y llega al silencio, lo único que me pertenece. Es uno de esos días en los que te gustaría tener un botón para retroceder o una goma para borrar. Los grandes consejeros dicen siempre "olvida", pero ¿cómo? ¿Cómo olvidar un pedacito de corazón que brindaste con todo tu cariño cuando ya no creías en nadie?¿Cómo borrar las culpas que dan vueltas en tu cabeza día y noche? ¿Cómo hacer ver que sientes algo muy diferente al amor, que aún sin serlo, sigue siendo amor sin pretender nada? ¿Cómo demostrar que no hay nada oculto, que más allá de lo que se cree existe una verdad que a veces nos negamos a ver?


Lo sé, tú, que estás leyendo en este momento, no me entiendes, te preguntarás a qué viene esto, pero es que hay días en que todos mis sentimientos se cruzan ante mis ojos como un gran muro contra el que me golpeo una y otra vez. ¿Estoy loca? No lo sé. Solo sé que navego entre mil preguntas sin encontrar ni el olvido ni la aceptación.Quizá no debí escribir este texto, tampoco lo sé. Solo sé que mis lágrimas no cesan, mis pensamientos no callan y las culpas que escribo en mis adentros no me dejan renacer.




26 marzo 2015

Amistad





Hemos escuchado mil veces esa frase tan tajante que dice "las palabras se las lleva el viento". Seguramente su procedencia tenga un significado muy diferente al que realmente le damos pero algunas veces adquiere todo el sentido del mundo. De esta manera, llamamos a cualquiera amigo o amiga, sin importar lo que significa esa palabra. Damos esta categoría a todos nuestros conocidos pero ¿qué es un amigo? Habrá mil respuestas me temo. La amistad no es una obligación, se da o no se da, se toma o se rechaza. El amigo no te llama todos los días para saber como estás, pero ve algo y de repente se acuerda de ti. El amigo no se acuerda de tu fecha de cumpleaños (se chiva el facebook) pero probablemente te organiza una fiesta cualquier día.

Es irónico, las personas que más alardean de ser amigos, son las que menos están presentes porque la amistad no se dice, la amistad se demuestra como cualquier otro sentimiento. Los amigos son aquellos que aunque lleven meses sin hablarte, de repente se presentan delante de ti y siguen siendo los de siempre. Aquellos que te preguntan por tu vida en cualquier momento, aquellos que notan tu alegría y tu tristeza con tan solo una palabra, aquellos que dicen estar ocupados pero se quedan media hora contestando tus mensajes para no dejarte en soledad.

Un amigo es simple  y llanamente una persona que de una manera u otra estará cuando menos lo esperas y una persona para la que tu deberías estar, no por obligación, sino por sentimiento, pues sí, la amistad es eso, sentimiento.


14 febrero 2015

Sueños








Quizá me perdí en un sueño que solo era eso... un sueño. Me equivoqué y mis ojos vieron inmensos océanos que bañaron mi piel durante varios días. Erré, todos lo hacemos a diario. La mirada cambió, la ilusión voló, los pasos se marcharon por otros caminos con la intención de encontrar una señal que hiciera crecer la esperanza. Día tras día ofreciendo una sonrisa que sin ser fingida no transmitía todas las verdades. Sin embargo, el sueño dejó su rastro, dejó su huella demostrando que había pedacitos que habían revivido fuegos antaño extinguidos. Valió la pena sentir por un solo momento esa luz que no quema pero da el calor necesario para permanecer... y aunque todo cambia, un día sentí algo que fue maravilloso, que fue un sueño, sí, pero fue el sueño que yo soñé.