Han pasado 12 largos años desde que aquella lápida se cerró tras ese féretro, tras aquellas flores hoy marchitas en aquel agujero oscuro. Sí, hablo fríammente. Nunca te he podido hallar ahí. Allí solo leo tu nombre, veo un crucifijo que tú no querrías que existiera, una fecha, alguna flor, pero nada más. No es olvido lo que vive en mí, al contrario, no necesito un cementerio para recordarte. Realmente, no necesito nada, porque cualquier pequeño detalle me recuerda a ti. Las sonrisas de tus nietos, una frase, un impreso que rellenar, una foto, una fecha, todo tiene algo que recuerda a ti.
Ojalá estuvieras aquí. Muchas cosas cambiarían. Mamá ya no estaría sola y yo sería feliz al oírla decir que le abriste la puerta o que le compraste rosas por su santo. Les vería caminar juntos por la calle sin tantas responsabilidades como antes. Llevarías a los pequeños de la casa a ver el fútbol e indudablemente las discusiones deportivas aparecerían entre ustedes. Tendrías a una princesita que te daría mucho cariño aunque también alguna que otra regañina se llevaría. Alargaríamos las discusiones sobre política hasta las tantas de la noche y escucharía tu radio hasta quedarme dormida en la otra habitación .Quizá no fueran así las cosas, pero me encanta imaginármelas así, también fantaseo con que un día me digan que todo ha sido una pesadilla y tu estés aquí porque me resulta tan irreal que te hayas ido tan pronto...
Es más que evidente que el cementerio no es el mejor sitio para recordarte. Te veo en otros sitios más bonitos; en el parque, a la orilla del mar, en el banco sentado, e incluso, en ocasiones me ha parecido verte de verdad. No temas, no estoy loca. Hay personas que se parecen mucho a ti, utilizan tu vestimenta, caminan como tú, tienen un rostro parecido, pero sé que no eres tú, lamentablemente. Antes me entristecía ver a esas personas y recordar que ya no estabas, que ya no vendrías. El tiempo me ha hecho madurar o pensar de otra manera. Ahora, cuando me cruzo con alguien que me recuerda a ti simplemente digo en voz baja "hola papá, que tengas un buen paseo, sé que andas por aquí". Es una tontería, una locura, un exceso de imaginación, lo sé, pero me reconforta, y siento que de alguna manera, siempre estás ahí.
Ojalá estuvieras aquí. Muchas cosas cambiarían. Mamá ya no estaría sola y yo sería feliz al oírla decir que le abriste la puerta o que le compraste rosas por su santo. Les vería caminar juntos por la calle sin tantas responsabilidades como antes. Llevarías a los pequeños de la casa a ver el fútbol e indudablemente las discusiones deportivas aparecerían entre ustedes. Tendrías a una princesita que te daría mucho cariño aunque también alguna que otra regañina se llevaría. Alargaríamos las discusiones sobre política hasta las tantas de la noche y escucharía tu radio hasta quedarme dormida en la otra habitación .Quizá no fueran así las cosas, pero me encanta imaginármelas así, también fantaseo con que un día me digan que todo ha sido una pesadilla y tu estés aquí porque me resulta tan irreal que te hayas ido tan pronto...
Es más que evidente que el cementerio no es el mejor sitio para recordarte. Te veo en otros sitios más bonitos; en el parque, a la orilla del mar, en el banco sentado, e incluso, en ocasiones me ha parecido verte de verdad. No temas, no estoy loca. Hay personas que se parecen mucho a ti, utilizan tu vestimenta, caminan como tú, tienen un rostro parecido, pero sé que no eres tú, lamentablemente. Antes me entristecía ver a esas personas y recordar que ya no estabas, que ya no vendrías. El tiempo me ha hecho madurar o pensar de otra manera. Ahora, cuando me cruzo con alguien que me recuerda a ti simplemente digo en voz baja "hola papá, que tengas un buen paseo, sé que andas por aquí". Es una tontería, una locura, un exceso de imaginación, lo sé, pero me reconforta, y siento que de alguna manera, siempre estás ahí.
Ojalá supieras cuánto te echo de menos, ojalá te hubiera dedicado más tiempo, pero no lo hice, y ahora es tarde. Tenía 21 años cuando te fuiste, ahora más de 30. No era una niña, pero como tal me sentí. Una niña que perdió a alguien que no sabía cuánto significaba para ella, una niña que posó un beso en aquella pálida frente fría y simplemente te dijo adiós, una niña que no supo llorar mas que en su almohada para evitar más dolor, una niña que hoy sigue siéndolo cuando las lágrimas brotan simplemente al recordar tu ya lejana voz grabada en mi corazón.

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