07 diciembre 2010

Tormentas







Hace dos semanas, llegó una borrasca a Canarias. Alerta roja, decían los periódicos, no lo creíamos, normalmente cuando hay alerta no pasa nada. Sin embargo, llegó la tormenta, los rayos, los truenos, los relámpagos. Todos decían, bienvenida sea la lluvia a esta tierra que tanto la necesita... y, yo lo siento... pero odio las tormentas, odio la lluvia fuerte, los truenos, pero existen. Parece que me pusieron en el lugar correcto del mundo, allí donde pocas veces hay tormentas. Me asusto, como los niños pequeños que se esconden bajo las mantas, lástima que yo no puedo hacerlo, porque lo hubiese hecho...


....y pasó la tormenta, pasando de la calma al viento, del viento a la calma y luego a lo que toque porque aquí todo cambia en un par de horas, puede llover con sol, puede estar nublado y no caer una gota, llover en un barrio mientras el verano parece haber llegado al otro...


Hay muchos tipos de borrascas, de algunas, nos avisa la prensa, los meteorólogos, de otras no tenemos aviso, llegan a nuestras vidas un día nublando todo. Quizá algo esté relacionado en todo este universo, pues me siento tan cambiante como el tiempo de mi tierra que precisa cambiar siempre, que puede cambiar de la mañana a la noche, de la noche a la madrugada. Ciertas borrascas te nublan la vista, te dejan una ceguera para que no veas los caminos, nadie te puede ayudar porque esa borrasca es tuya, personal, y nadie puede mediar en ella. Siempre tienes en mente que llegará la calma, como después de toda tempestad pero... ¿y si no llega?...





1 comentario:

Marina Judith Landau dijo...

La calma siempre llega. Aunque a veces tengamos que meternos de lleno en la tormenta, venciendo ese miedo de niñas pequeñas y esas ganas de cerrar los ojos para no ver...
Yo creo que siempre llega la calma después de la tormenta, y aunque quedemos diferentes, todo es para bien.
Te dejo un abrazo grandote, que estés muy bien.