Tomemos un café, yo pago,
y entre sorbo y sorbo
desgranemos nuestra vida
sin dejar de mirarnos.
Tomemos un café
rememorando el pasado
con la tranquilidad de los años,
con la sabiduría del tiempo
y la certeza de los vocablos.
Tomemos ese café, ¡venga!, yo pago,
quitemonos las caretas ante el humo
desprendido de la taza aún en verano,
hablemos del verbo amar que nunca aceptamos
mientras la tarde nos cobija en vano.
Tomemos un café, vale, descafeinado
mas tomémoslo uniendo nuestras manos,
el aroma embriagará nuestros sentidos
y nunca dejaremos de mirarnos.

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