Los versos quedaron escritos
entre papeles arrugados,
empapados del vino derramado
con tristes lágrimas adornado.
Dicen que aquel poeta falleció
entre libros de poesía
que jamás fueron leídos
pues nadie los creyó poesía.
Descansan los poemas tras la vitrina,
entre el silencio de algún museo,
donde alguien los ve y los recita
sin reparar en las marcas que cobija.
Lágrimas que cuelgan de estrofas
inundando cada verso cada rima
de quien quiso ser poeta
derramando vino entre poesías.

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