Nadie verá las lágrimas de fuego
impregnadas en un viejo dolor
que te forjó en hierro.
Nadie conocerá aquella lucha
desesperante por momentos
incomprensible, temerosa
oculta en tus adentros.
Nadie entenderá la historia
envuelta en papeles dorados
donde se encierra el esfuerzo
de quien quiso crear un sueño.
Nadie mirará hoy hacia tus ojos
enrojecidos en la noche
cuando ya nadie te oye.

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