Poeta y dramaturgo español nacido en Orihuela el 30 de octubre de 1910.
Tradicionalmente se le ha encuadrado en la generación del 36, pero
Miguel Hernández mantuvo una mayor proximidad con la generación anterior
hasta el punto de ser considerado por Dámaso Alonso como «genial
epígono» de la generación del 27.
Miguel fue pastor de
cabras desde muy temprana edad. Fue escolarizado desde 1915 hasta 1916
en el centro de enseñanza «Nuestra Señora de Monserrat» y de 1918 a 1923
recibió educación primaria en las escuelas del Amor de Dios. En 1923
pasa a estudiar el bachillerato en el colegio de Santo Domingo de
Orihuela, regentado por los jesuitas, que le proponen para una beca con
la que continuar sus estudios, que su padre rechaza. En 1925 abandonó
los estudios por orden paterna para dedicarse en exclusiva al pastoreo.
Mientras cuidaba el rebaño, Hernández leía con avidez y escribía sus
primeros poemas. Formó parte de la tertulia literaria en Orihuela, donde
conoce a Ramón Sijé y establece con él una gran amistad. Los libros
fueron su principal fuente de educación, convirtiéndose en una persona
totalmente autodidacta.
A partir de 1930 comienza a publicar sus poesías en revistas como El Pueblo de Orihuela o El Día de Alicante. El 25 de marzo de 1931, con tan solo 20 años, obtuvo el primer y único premio literario de su vida concedido por la Sociedad Artística del Orfeón Ilicitano con un poema de 138 versos llamado Canto a Valencia, bajo el lema Luz..., Pájaros..., Sol... El tema principal del poema era el paisaje y las gentes del litoral levantino, en el que destacaba el mar Mediterráneo, el río Segura y las ciudades de Valencia, Alicante, Murcia y, en mayor medida, Elche. Cuando Hernández recibió la notificación de la consecución del premio, se apresuró a viajar a la ciudad ilicitana creyendo que recibiría un premio económico, pero fue acreedor tan sólo de una escribanía de plata.
A partir de 1930 comienza a publicar sus poesías en revistas como El Pueblo de Orihuela o El Día de Alicante. El 25 de marzo de 1931, con tan solo 20 años, obtuvo el primer y único premio literario de su vida concedido por la Sociedad Artística del Orfeón Ilicitano con un poema de 138 versos llamado Canto a Valencia, bajo el lema Luz..., Pájaros..., Sol... El tema principal del poema era el paisaje y las gentes del litoral levantino, en el que destacaba el mar Mediterráneo, el río Segura y las ciudades de Valencia, Alicante, Murcia y, en mayor medida, Elche. Cuando Hernández recibió la notificación de la consecución del premio, se apresuró a viajar a la ciudad ilicitana creyendo que recibiría un premio económico, pero fue acreedor tan sólo de una escribanía de plata.
En la década de
1930 viaja a Madrid y colabora en distintas publicaciones, estableciendo
relación con los poetas de la época. A su vuelta a Orihuela redacta
Perito en Lunas, donde se refleja la influencia de los autores que lee
en su infancia y los que conoce en su viaje a Madrid. Ya establecido en
Madrid, trabaja como redactor en el diccionario taurino de Cossío y en
las Misiones pedagógicas de Alejandro Casona; colabora además en
importantes revistas poéticas españolas. Escribe en estos años los
poemas titulados El silbo vulnerado e Imagen de tu huella, y el más
conocido El Rayo que no cesa (1936).
Al estallar la Guerra Civil, Miguel
Hernández estaba en Orihuela. A su amigo José María de Cossío, con el
que tenía tanto trato en Espasa-Calpe por la redacción conjunta de la
enciclopedia Los Toros, le pide en carta del 25 de agosto que le
gestione el poder cobrar la mitad de su sueldo mensual al ser asesinado
el padre de su novia, Josefina Manresa, en Elda, por ser guardia civil.
Es "enorme desgracia, por equivocación", y dejar mujer y varios hijos,
le afirma en esa carta. Hernández se alistó por entonces en el bando
republicano. En el verano de 1936 también se afilió al Partido Comunista
de España y desde comienzos de 1937 es comisario político militar,
actividad que le valdría la pena capital tras la Guerra, luego
conmutada. En plena Guerra, logró escapar brevemente a Orihuela para
casarse el 9 de marzo de 1937 con Josefina Manresa. A los pocos días
tuvo que marchar al frente de Jaén. En el verano de 1937 asistió al II
Congreso Internacional de Escritores Antifascistas celebrado en Madrid y
Valencia, donde conoció al peruano César Vallejo. Más tarde viajó a la
Unión Soviética en representación del gobierno de la República, de donde
regresó en octubre para escribir el drama Pastor de la muerte y
numerosos poemas recogidos más tarde en su obra El hombre acecha. El 19
de diciembre de 1937 nació su primer hijo, Manuel Ramón, que murió a los
pocos meses, el 19 de octubre de 1938, y a quien dedicó el poema Hijo
de la luz y de la sombra y otros recogidos en el Cancionero y romancero
de ausencias. El 4 de enero de 1939 nació su segundo hijo, Manuel
Miguel, a quien dedicó las famosas Nanas de la cebolla.(Puedes escucharlas en voz de Serrat picando sobre el título).Durante la guerra compone Viento del pueblo (1937) y El hombre acecha (1938) con un estilo que se conoció como “poesía de guerra”. En la cárcel acabó Cancionero y romancero de ausencias (1938-1941). En su obra se encuentran influencias de Garcilaso, Góngora, Quevedo y San Juan de la Cruz.
En abril de 1939, recién concluida la Guerra, se había terminado de imprimir en Valencia El hombre acecha. Aún sin encuadernar, una comisión depuradora franquista, presidida por el filólogo Joaquín de Entrambasaguas, ordenó la destrucción completa de la edición. Sin embargo, dos ejemplares que se salvaron permitieron reeditar el libro en 1981. Su gran amigo Cossío se ofreció a acoger al poeta en Tudanca, pero este decidió volver a Orihuela. Allí corría mucho riesgo, por lo que decidió irse a Sevilla pasando por Córdoba, con la intención de cruzar la frontera de Portugal por Huelva. La policía de Salazar, dictador fascista de Portugal, lo entregó a la Guardia Civil .
Cuando estaba en prisión, su mujer Josefina Manresa le envió una carta en la que mencionaba que sólo tenían pan y cebolla para comer; el poeta compuso en respuesta las Nanas de la cebolla. Desde la cárcel de Sevilla lo trasladaron al penal de la calle Torrijos en Madrid, de donde, gracias a las gestiones que realizó Pablo Neruda ante un cardenal, salió en libertad inesperadamente, sin ser procesado, en septiembre de 1939, aunque asimismo influyeron las gestiones paralelas de Cossío. Pero vuelto a Orihuela, fue delatado y detenido y ya en la prisión de la plaza del Conde de Toreno en Madrid, fue juzgado y condenado a muerte en marzo de 1940.José María de Cossío y otros intelectuales amigos, entre ellos Luis Almarcha Hernández, amigo de la juventud y vicario general de la diócesis de Orihuela intercedieron por él y se le conmutó la pena de muerte por la de treinta años de cárcel. También entonces influyó mucho la gestión del propio Cossío, que acude al secretario de la Junta Política de FET y de las JONS, Carlos Sentís, y a Rafael Sánchez Mazas, vicesecretario de la misma, pero que tenía relación con el general José Enrique Varela, Ministro del Ejército Pasó luego a la prisión de Palencia en septiembre de 1940 y en noviembre, al penal de Ocaña (Toledo). En 1941, fue trasladado al reformatorio de Adultos de Alicante, donde compartió celda con Buero Vallejo. Allí enfermó. Padeció primero bronquitis y luego tifus, que se le complicó con tuberculosis.
Falleció en la enfermería de
la prisión alicantina a las 5:32 de la mañana del 28 de marzo de 1942,
con tan sólo 31 años de edad. Se cuenta que no pudieron cerrarle los
ojos, hecho sobre el que su amigo Vicente Aleixandre compuso un
poema .Fue enterrado en el nicho número mil nueve del cementerio de
Nuestra Señora del Remedio de Alicante, el 30 de marzo.



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